
La obesidad es una enfermedad crónica, compleja, multifactorial que no solo tiene un impacto en la apariencia física de la persona, sino que además está asociada a otras comorbilidades entre las que destaca la diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, problemas mecánicos del sistema osteomuscular, dislipemias, apnea del sueño, enfermedad hepática metabólica y algunos tipos de cáncer.
Se ha logrado dar un gran paso que marca un antes y un después en la historia de la obesidad con la creación de fármacos inyectables que representan una importante ayuda en la pérdida de peso.
Actualmente en España se comercializan 5 medicamentos para la obesidad, de los cuales 3 de ellos se administran de manera subcutánea a través de inyecciones. Estos son los análogos de los GLP 1: Liraglutide (Saxenda) y Semaglutide (Wegovy). El agonista dual de los receptores GIP y GLP1: tirzepatide (Mounjaro).
Los fármacos inyectables están diseñados para ayudar a las personas a reducir su peso corporal de manera efectiva y sostenida. Actúan sobre el sistema hormonal para controlar el apetito y la saciedad. Su acción facilita que las personas reduzcan la ingesta calórica al disminuir el hambre y mejoran la sensación de saciedad al retardar el vaciamiento gástrico.
Estos medicamentos están indicados principalmente para personas con obesidad o con sobrepeso que presenten comorbilidades como diabetes tipo 2, apnea del sueño, hipertensión arterial, enfermedad hepática metabólica, entre otros.
Es necesario considerar algunos aspectos de estos medicamentos:
- Efectos secundarios: aunque suelen ser bien tolerados, algunas personas pueden experimentar náuseas, vómitos o malestar digestivo.
- Uso a largo plazo: la efectividad de estos medicamentos depende de su uso continuado y de la adherencia al tratamiento.
- Supervisión médica: solo un profesional de la salud puede determinar si eres candidato para este tipo de tratamiento, ya que existen contraindicaciones y no todos pueden usar las inyecciones.
- Costo elevado: estos medicamentos tienen un precio alto y no están financiados por el sistema de salud, lo que los hace insostenibles para muchos a largo plazo.
La obesidad no solo se centra en comer más, moverse menos y no tener voluntad. Es una enfermedad multifactorial donde la salud mental, el entorno social y familiar, la predisposición genética, enfermedades asociadas a la obesidad, nivel económico y otros factores determinan el peso de la persona.
Para muchos, estas inyecciones son milagrosas, pero es necesario aclarar que, si no cambiamos nuestros hábitos de alimentación con ayuda de un profesional que nos guíe y realice un plan nutricional adaptado a las necesidades de cada persona, sumado a una rutina de ejercicios, el efecto rebote será inevitable y se habrá hecho una inversión en vano.
Lo más difícil no es perder peso, lo difícil es mantener el peso perdido en el tiempo.
Para garantizar la estabilidad de peso a largo plazo se sugiere seguir las siguientes recomendaciones:
1. Cambios en los hábitos de alimentación:
- Incrementar el consumo de alimentos ricos en nutrientes: frutas, verduras, proteínas magras (como carne blanca, pescado, legumbres) y granos integrales deben ser la base de la alimentación.
- Controlar el tamaño de las porciones y evitar los alimentos ultraprocesados y altos en azúcar.
- Establecer horarios regulares: comer a intervalos consistentes ayuda a estabilizar los niveles de energía y a regular la saciedad a lo largo del día.
2. Actividad física regular:
- Realizar al menos 150 minutos de ejercicio moderado por semana, combinando ejercicio aeróbico (caminar, correr, nadar) con entrenamiento de fuerza para maximizar los beneficios y no perder masa muscular.
- Buscar actividades que se disfruten para favorecer la constancia, ya que la clave está en la regularidad.
- Incluso pequeñas mejoras, como aumentar los pasos diarios o elegir las escaleras en lugar del ascensor, pueden marcar una diferencia significativa.
3. Gestión del estrés y calidad del sueño:
- Practicar técnicas de relajación como meditación o respiración profunda.
- Dormir entre 7 y 9 horas diarias para evitar el impacto negativo del insomnio en el peso.
4. Apoyo emocional:
- La relación emocional con la comida, el estrés y la baja autoestima son factores que pueden interferir en el éxito de la pérdida de peso. Es importante considerar el apoyo de un psicólogo o terapeuta especializado en conducta alimentaria para gestionar los desencadenantes emocionales.
Un objetivo saludable a corto plazo es perder entre el 5% y el 10% del peso inicial en los primeros meses. Esto puede tener un impacto positivo en la presión arterial, los niveles de glucosa y el colesterol. A largo plazo, el enfoque debe estar dirigido a mantener el peso perdido y continuar mejorando los hábitos de vida para evitar recuperar el peso inicial.
El abuso en la prescripción de las inyecciones por parte de médicos que no están preparados en el manejo de pacientes con obesidad y la automedicación puede acarrear consecuencias, como complicaciones digestivas: náuseas, vómitos, diarreas o estreñimiento, pancreatitis y la más temida al dejar la medicación: la recuperación de todo el peso perdido y más.
La pérdida de peso no es un destino, sino un proceso continuo que requiere compromiso, paciencia y una perspectiva que permita el cambio de lo que es nocivo para nuestra salud.
Dra. Leoniana Bustillos de Grimaldo
Unidad de Obesidad-Servicio de Endocrinología y Nutrición.
Departamento de Metabolismo, Nutrición y Obesidad
de Clínica ServiDigest de Barcelona
Colegiada nº 61781 del COMB
Carla Feliu Carracedo
Especialista en Nutrición humana y Dietética de Clínica ServiDigest
Departamento de Metabolismo, Nutrición y Obesidad
Colegiada CAT002470 del Colegio de
Dietistas y Nutricionistas de Cataluña








