
La dieta cetogénica es una pauta de alimentación que consiste en una ingesta elevada de grasas y baja en carbohidratos. Esta dieta se ha popularizado por obtener buenos resultados en la perdida de peso.
Al reducir significativamente el consumo de carbohidratos y aumentar la ingesta de grasas, esta dieta induce a un estado metabólico llamado cetosis, en el que el cuerpo utiliza la grasa como principal fuente de energía en lugar de los carbohidratos. Aunque el uso médico de esta dieta sea el tratamiento de las convulsiones en pacientes pediátricos con epilepsia, diversos estudios han demostrado beneficios a nivel metabólico (mejorando los niveles de triglicéridos, tensión arterial, mejor control glucémico), mejorar el estado mental y la función cognitiva en personas con Alzheimer y favorecer la pérdida de peso. Además, también se le atribuye la capacidad para reducir algunos marcadores inflamatorios en personas con sobrepeso y obesidad mediante diferentes mecanismos.
¿En qué consiste?
Para realizar de manera correcta una dieta cetógenica se debe conseguir consumir un ratio de 2:1, 3:1 o 4:1 entre grasas y carbohidrato con proteína. Es decir, en el caso del ratio 2:1 se deben consumir 2 gramos de grasa por cada gramo entre carbohidrato y proteína.
Para conseguir este balance se deben potenciar en la dieta las grasas saludables como el aceite de oliva, aguacate, frutos secos, pescados azules, huevos, carnes… Es importante tener en cuenta que, aunque siguiendo este estilo de dieta, se deben consumir más grasas, se deben evitar grasas saturadas o productos procesados ya que estos podrían empeorar el estado de salud general.
Los alimentos que se deben limitar al máximo al realizar la dieta cetogénica son los que aportan carbohidratos , tanto complejos como el pan, los cereales, el arroz, la pasta, las patatas y las legumbres ; como los de absorción rápida como el azúcar, miel, caramelos, refrescos, zumos (naturales o envasados), dulces…
¿Qué sucede cuando el cuerpo entra en cetosis?
Cuando no comemos o seguimos una dieta muy baja en carbohidratos (menos de 50 gramos al día), los niveles de glucosa en nuestro cuerpo disminuyen. Esto dificulta la producción de una sustancia llamada oxaloacetato, que es clave para que las grasas se puedan utilizar como energía de manera eficiente. Como consecuencia, el cuerpo comienza a generar cuerpos cetónicos, que son una fuente de energía alternativa.
El cerebro y el sistema nervioso central no pueden utilizar directamente las grasas como fuente de energía porque estas no pueden cruzar la barrera que protege el cerebro. Por eso, los cuerpos cetónicos, que se producen principalmente en el hígado, se convierten en la fuente principal de energía cuando hay poca glucosa disponible.
Hasta que el cuerpo se adapta a la cetosis pueden aparecer efectos secundarios como, necesidad de orinar frecuentemente, nauseas o sensación de mareo, dolor de cabeza, cansancio, boca seca y con sabor que recuerda a la acetona o sabor dulce…
¿Está indicada para todos la dieta cetogénica?
La dieta cetogénica no se recomienda a personas con problemas renales, mujeres en periodo de embarazo o lactancia o en niños.
Hay que tener en cuenta que, aunque esta dieta se ha puesto de moda en los últimos años, existen muchas otras alternativas para perder peso que son menos restrictivas y que cumplen un patrón de dieta mediterráneo. La variedad en la dieta no solo es beneficiosa para la salud intestinal, sino que facilita la adherencia a la dieta , favoreciendo que el cambio en la alimentación no sea solo un medio para perder peso sino para mejorar hábitos saludables de por vida.
Por último, es importante recordar que, si se va a realizar cualquier intervención en la dieta, es recomendable dejarse aconsejar por un nutricionista para adaptar en cada caso el tratamiento a las necesidades y situación de cada persona.








